Sunday, June 27, 2010

¿Por qué no el fútbol?

Mucho se ha hablado de cuánto perdería el fútbol si se le incorporara tecnología que asista a los árbitros en sus cobros. Para algunos, me atrevo a decir la mayoría, pierde su encanto. Que el fútbol es como la vida, injusta a veces, y tiene que seguir siendo así. Que justamente por eso es que el fútbol es más que un simple deporte. Pues bien, esa aura romántica y trascendental con la que se asocia al deporte rey pierde toda credibilidad cuando uno escucha cómo reclaman y se lamentan aquellos que han sufrido una injusticia. Hoy, sin ir más lejos, dos equipos para nada menores sufrieron cobros que con una miradita al cielo (a la pantalla gigante instalada en los estadios, la cual por prohibición de la FIFA no puede repetir jugadas) podrían haber vivido otra suerte y quien sabe si no estarían dentro de los cuartos de final. Los cambios son parte del juego. El estilo de juego ha cambiado. El deporte mismo, de la mano de la FIFA, ya no es el mismo que antaño. Todo ha cambiado, desde la valoración de los jugadores (antes héroes con el tiempo, hoy héroes publicitarios inmediatos). Sin embargo, las reglas que lo rigen y su forma arcaica de arbitrarlo siguen intactas. Por ahí escuche a Solabarrieta despotricar contra las muy tecnologizadas y reglamentas ligas deportivas americanas, las que escaseaban en épica y exageraban con las estadísticas, justamente por contar con tecnología para saber si la pelota entró o no, si el bloqueo de un alero fue mientras la pelotaba subía o bajaba. No estoy de acuerdo. Puede que pierda espontaneidad, pero gana en justicia. Y hoy ese es un bien que hay que cuidar. El fútbol, ya está dicho, puede traer mucha alegría a los pueblos, de él se pueden sacar muchas lecciones. Y cuando un equipo gana, y gana bien, ganamos todos. Pero cuando un equipo pierde, pero pierde mal, la desazón puede llegar a ser irrecuperable. Y el deporte no puede permitirse eso.