Thursday, August 31, 2006

LLAMADAS PERDIDAS


En los tiempos que corren hoy un número no requiere de nuestra recordación. Lo que, creo, con el tiempo nos llevará a ir desgastando la memoria a corto plazo. Me acuerdo de que cuando chico nunca usé agenda ni nada, todos los números de mis amigos los tenías grabados en mi cabeza. Hoy, con suerte recuerdo el de la casa de mi madre. Quizá por esa razón es que hoy los números telefónicos nos son como las caras de la gente: cercanos, conocidos y desconocidos.
Esto a partir de las llamadas que vemos en nuestros celulares. Más específicamente, de las llamadas perdidas. Porque si el número no lo tenemos guardado en la memoria junto a un nombre, nos asalta la duda y nos sentimos (por poco) parte de una broma, un complot o algo parecido. Son tiempos de paranoia los que vivimos. Anoche, de hecho, fui víctima de uno de esos llamados. Eran las 2:30 de la madrugada y me despertó el ring de un número que desconocía. Al contestar, cortaron. Lo volvieron a hacer minutos después, y al fijarme en el número, me di cuenta de que aunque no lo tenía en la memoria del teléfono, alguna vez lo había visto, pero no pude recordar su dueño. No voy a mentirles, me entró la paranoia en el acto. Ustedes saben, hoy uno deja de ver a la gente, no sé, unos meses, y se le elimina de msn y del celular inmediatamente. Es como una regla silenciosa. Pero siempre queda la posibilidad de que ese alguien, que probablemente fue alguna vez cercano, te pueda llamar, quizá borracho, quizá nostálgico, quizá en problemas graves a las 2:30 de la madrugada, y gracias a los iempos que corren, uno no podrá asociarlo a nada más que a un número desconocido, a alguien que se equivoco, o, como en mi caso, a una situación extraña, misteriosa, que da para pensar más de lo que simplemente fue: una llamada perdida.

Wednesday, August 09, 2006

LA TELE TE DA SORPRESAS

Mientras miro por la ventana crecer a mi alrededor no menos de 6 edificios, la tele anuncia los titulares del día. Es tanta la indiferencia que siento que la cambio; veo las noticias por inercia, por una costumbre heredada. Y me doy cuenta de que me encanta tener cable, pero que hay canales que nunca he visto más que de pasada en el zappíng. Canales de cocina, canales que hablan de política, de deporte argentino, de noticias en España, Francia, Alemania. Casualmente me detengo en Sony, donde están pasando una serie que, una vez escuché o leí, era muy buena, inteligente, divertida. Se llama Everybody Hates Chris, y es sobre la vida de una familia negra en un entorno negro de New York o por ahí. El protagonista es Chris, un chico medio nerd, pero de buen corazón. Y bueno, mientras peleo en el celular con mi señora después de darle en el gusto y hacer la comida que ella me pide que haga mientras llega a la casa del trabajo en el radio taxi, y la lluvia pega fuerte, y seco mis pantalones cerca de la estufa eléctrica, la serie sigue su curso y alcanzo a oír, mientras voy y vuelvo de hacer la sopa y recalentar las papas que me pidieron en el horno, "sólo una mujer te puede hacer sentir mal cuando haces lo correcto". Eso nada más me terminó de convencer. Quizá no esté muy atento, pero mientras la vida no me dé sorpresas, me quedo con la tele. Por lo menos con esta serie.

Wednesday, August 02, 2006

GENTE

Yo alguna vez escribí sobre los tipos de personas. Caí en la frase hecha esa que dice que hay dos tipos. Cuando lo escribí, argüí que estaban los que se lavaban las manos antes de mear y los que se las lavaban después. Lo que aún me parece bien. Hoy he estado pensando que también están los que cambian y los que no. Los que aprenden de las experiencias y los que no. Los que se caen, se paran y vuelven a caminar, incluso mejor. Yo quiero estar en ese grupo, pero no sé si tengo madera para eso.
¿Alguien tiene más categorías? Mañana seguro tendré otra opinión.