AÑO NUEVO
Llegado el momento, uno de inmediato comienza a cuestionarse si la compañía que tienes para despedir el año y celebrar el que viene es la que en realidad querías. Yo, sin ir más lejos, he vivido año nuevo tras año nuevo la decepción de no contar con las personas adecuadas para festejar como Dios manda. Y eso, muy a mi pesar, me ha dejado cicatrices. Lo que se ha traducido en un rechazo casi mecánico al acercarse todo lo que involucra la fecha: primero, ponerse de acuerdo con quién pasarlo, después el lugar, qué comer, dónde ir después, y así. Si antes (y hasta el día de hoy) tuve que ser testigo, sin fallar un año, de las lágrimas de mi mamá y la imposibilidad de mi padre por hacer como que lo pasa bien, la cosa no ha mejorado desde que estoy casado. Es más, a las heridas que me ha dejado el año nuevo (Para que vean que no invento, sepan que para un año nuevo, no hace mucho, me tomó 4 horas llegar a una centro de pachangueo en lo alto de la ciudad, donde al entrar perdí de vista a un par de amigos, para que sólo al poco rato perdiera al único que me quedaba porque se iba con una mina al auto, quedándome solo, sin plata, hasta que llegó a las horas, golpeado por una turba enfurecida de mujeres que lo acusaban de un crimen que no cometió. Siempre en año nuevo, en otra oportunidad la familia fue sacudida con la noticia de un embarazo no esperado por parte de uno de nosotros. Para hacerlo más interesante, la misma noticia se repitió un par de años más tarde, obviamente en año nuevo) ahora se suma la constante lucha de voluntades que mantengo con mi señora y su familia. Ellos, unidos por el gusto a todo lo que huela a multitudes, tacos y pachanga, son mi némesis natural en este gallito de uno contra cuatro.
Mi conclusión es que uno nunca podrá realmente estar donde uno quiere, donde la gente que uno quiere y hacer lo que quiera. A menos que uno no considere pasarlo, precisamente, con la gente que uno quiere. Porque, en mi caso, estar con los seres queridos me ha traído más dolores de cabeza que alegrías. Y, si por experimentar se tratara, no descarto la idea de pasarlo rodeado de perfectos desconocidos, a ver si así logro finalmente dejar de pelear porque el año nuevo no sea una auténtica lata.
Mi conclusión es que uno nunca podrá realmente estar donde uno quiere, donde la gente que uno quiere y hacer lo que quiera. A menos que uno no considere pasarlo, precisamente, con la gente que uno quiere. Porque, en mi caso, estar con los seres queridos me ha traído más dolores de cabeza que alegrías. Y, si por experimentar se tratara, no descarto la idea de pasarlo rodeado de perfectos desconocidos, a ver si así logro finalmente dejar de pelear porque el año nuevo no sea una auténtica lata.
