Friday, November 24, 2006

HAZME CASO: NO ME HAGAS CASO

Hubo un tiempo en que creí que seguir mi instinto era, justamente, lo que no debía hacer. Tras una seguidilla de frustraciones derivadas de la natural tendencia de hacer lo que te dictan las tripas, le conté a mi prima lo que me sucedía. Ella respondió con un desafío: "De ahora en adelante, harás exactamente lo contrario a tu instinto". Como por juego, le hice caso. Fue en Alemania, en mi primer (y único) viaje fuera del país. Ella, alemana, tenía la cualidad de muchos germanos de no dejar pasar la oportunidad de comprobar las cosas. De exprimentar y llegar a una teoría. Probablemente por eso se hizo médico. Pero en fin, la cosa es que de a poco fuimos, juntos, puestos en situaciones donde había que escoger una alternativa a partir de la pura intuición. Perdidos en München sin nadie a quien preguntar, venía el ¿para dónde será, a la izquierda o la derecha? Y antes de virar el volante hacia ninguna parte, nos acordábamos de escuchar primero mi instinto para luego hacer exactamente lo contrario. Así, fuimos concluyendo de que mi instinto era, en definitiva, lo que me había llevado a la ruina en varios aspectos de mi vida. Si estudié publicidad, fue porque le hice caso a mi instinto. Y aquí estoy, dando bote en la carrera que me dictó el maldito sisttema ése. Según esta teoría del instinto fallido, debí haber estudiado o leyes, o ingeniería. Hoy mi instinto me dice que debo dejar esta pega, que no va a durar por mucho tiempo, e ir en busca de una idea de negocio que me permita vivir bien sin ser un esclavo. Difícil decisión. Mi instinto, ya sabemos, es pésimo; pero por otro lado, mi instinto tampoco me dice "quédate acá".