Tuesday, June 20, 2006

LA COSA ES LLORAR

Yo fui de esos criados en la enseñanza del no llorar. Y así, uno se acostumbra a eso. Cuando me agarraban a correazos, cuando el castigo era cruel y cuando sufrí alguna pena de esas que te marcan la infancia recuerdo haber llorado siempre lo justo y necesario. Haber llorado solo y con vergüenza. Después más grande, lloré por una polola varias veces. En eso años sin tanta vergüenza y con ganas, sentí el desahogo del lagrimeo largo y tendido. Después de eso sólo se me han humedecido los ojos en ocasiones puntuales: el matrimonio y una que otra frustación personal. De llanto ni hablar. 8 años que no suelto un llanto. ¿Se dan cuenta? ¿Será un récord? Mi papá. por su lado, ha dejado caer frente a mí menos gotas que los cielos de Atacama en estos 29 años que tengo. Lo he visto llorar, con sosiego y en silencio, unas 3 veces. Mi señora llora casi todos los días. Y mi mamá basta una conversación específica y ya está. Qué extraño.

Por mi parte, de chico, recuerdo haber llorado (no sé ni lo sabré) por la muerte de King Kong. La vi acostado, porque era en los tiempos en que en la semana después de las noticias se pasaban películas. Ver caer al mono lleno de sangre después de encariñarme tanto... uuufff... dolió. La inauguración de las olimpiadas de Seúl, extrañamente, me conmovió hasta las lágrimas también. Y hoy, conciente de lo banal e insensible que puedae ser, he estado a punto de llorar nuevamente. A punto de entregarme al desenfreno emocional con algo que quizá para muchas no sea en absoluto motivo de llanto: con LOST.
La puesta a prueba de la tanta humanidad me ha conmovido. Ya terminé la segunda temporada y estoy listo para un nuevo vendaval de emociones, el cual espero me reafirme que hay agüïta detrás de mi ojos esperando por salir. Porque el que no vea en LOST una fuente de genuina emoción, de inspiración y de conocimiento peca de arrogante, de miope o de gil. Pero eso es tema para otro post.

Thursday, June 01, 2006

CRÍTICA DE ESPECTÁCULOS


Es tragicómico, pero cierto. Chile ha entrado a las grandes ligas del desconcierto, aportando al mundo su generosa cuota de absurdo, digna de países en categoría sub-desarrollo. Países de la talla de EE.UU. sólo pueden jactarse de abusos extremos de parte de la policía, pero pocos o ninguno pueden alcanzar lo siguiente: El día primero de mayo enardecidos enmascarados dejaron la grande en Santiago, destruyendo, saqueando y quemando todo a su paso, dejando más de 90 millones en pérdidas. ¿Y qué hacía nuestra policía uniformada? Respondía con una no menos espectacular respuesta: arrancaba. Malditos, nos dijimos, no pueden acaso protestar como la gente. Que a estas alturas no tengan más técnicas de expresión que quemar un paradero es, cómo decirlo, digno de una sacada de chucha de antología y la cana correspondiente. Pero no. La surrealista performance –definitivamente artística- de los chicos de verde tuvo como resultado una sola detenida: la señora que hurtó una mesa del Banco Santander Santiago avaluada en miles de miles de pesos. Para ser exactos, 20. Hasta ahí el acto merecía una ovación de pie. Humor negro, es cierto, pero no podemos negar que fue hilarante la puesta en escena. Sin embargo los protagonistas nos tenían reservado un giro digno de los que vemos en Lost, pues todo el drama vendría después, justo cuando otros antagonistas salían a escena, ahora sí que fieros, dirían los policías, rudos y peligrosos: los estudiantes secundarios. Imaginen nada más en el siguiente monstruo: mujer, de unos 16 años, no más de 50 kilos, 1.60m máximo de estatura, en buzo y armada hasta los dientes de… cánticos y carteles. Pues bien, nuestros protagonistas no escatimaron en vueltas de tuerca, y si el primer acto estuvo cargado a la risa, ahora vendrían las lágrimas (de pena y de gas), logrando así los chicos buenos reivindicarse de un principio más bien light. Para este acto nos quisieron pegar a la pantalla con mucha acción, patadas voladoras y golpes de luma, más (in)justificadas detenciones a todos los malos de la película, que en realidad eran casi igual al monstruo descrito anteriormente. Fue tanta la pasión que se vio en escena, que hasta parte de los espectadores se llevaron su torta. De esos espectadores –aclaro-que fotografían mucho la obra, y que probablemente sacan de sus casillas a los actores más vanidosos y no dados a la fama. Terminando este acto, pudimos ver que a diferencia del primero, ahora sí habían detenidos. Cientos de ellos. Y bueno, uno queda con la sensación de que de haber un tercer acto, de seguro habrán cambios, porque pucha que le pusieron empeño muchos de estos policías, y tantos haciendo lo mismo con la misma intensidad como que satura. Ya vimos al policía cobarde, hoy al agresivo, esperemos que para el tercer acto (de haberlo) salgan a relucir policías con matices diferentes. ¿Qué tal uno que haga lo tenga que hacer cuando es debido? Por el momento sólo 1340 estrellas.