LA COSA ES LLORAR
Yo fui de esos criados en la enseñanza del no llorar. Y así, uno se acostumbra a eso. Cuando me agarraban a correazos, cuando el castigo era cruel y cuando sufrí alguna pena de esas que te marcan la infancia recuerdo haber llorado siempre lo justo y necesario. Haber llorado solo y con vergüenza. Después más grande, lloré por una polola varias veces. En eso años sin tanta vergüenza y con ganas, sentí el desahogo del lagrimeo largo y tendido. Después de eso sólo se me han humedecido los ojos en ocasiones puntuales: el matrimonio y una que otra frustación personal. De llanto ni hablar. 8 años que no suelto un llanto. ¿Se dan cuenta? ¿Será un récord? Mi papá. por su lado, ha dejado caer frente a mí menos gotas que los cielos de Atacama en estos 29 años que tengo. Lo he visto llorar, con sosiego y en silencio, unas 3 veces. Mi señora llora casi todos los días. Y mi mamá basta una conversación específica y ya está. Qué extraño.
Por mi parte, de chico, recuerdo haber llorado (no sé ni lo sabré) por la muerte de King Kong. La vi acostado, porque era en los tiempos en que en la semana después de las noticias se pasaban películas. Ver caer al mono lleno de sangre después de encariñarme tanto... uuufff... dolió. La inauguración de las olimpiadas de Seúl, extrañamente, me conmovió hasta las lágrimas también. Y hoy, conciente de lo banal e insensible que puedae ser, he estado a punto de llorar nuevamente. A punto de entregarme al desenfreno emocional con algo que quizá para muchas no sea en absoluto motivo de llanto: con LOST.
La puesta a prueba de la tanta humanidad me ha conmovido. Ya terminé la segunda temporada y estoy listo para un nuevo vendaval de emociones, el cual espero me reafirme que hay agüïta detrás de mi ojos esperando por salir. Porque el que no vea en LOST una fuente de genuina emoción, de inspiración y de conocimiento peca de arrogante, de miope o de gil. Pero eso es tema para otro post.
Por mi parte, de chico, recuerdo haber llorado (no sé ni lo sabré) por la muerte de King Kong. La vi acostado, porque era en los tiempos en que en la semana después de las noticias se pasaban películas. Ver caer al mono lleno de sangre después de encariñarme tanto... uuufff... dolió. La inauguración de las olimpiadas de Seúl, extrañamente, me conmovió hasta las lágrimas también. Y hoy, conciente de lo banal e insensible que puedae ser, he estado a punto de llorar nuevamente. A punto de entregarme al desenfreno emocional con algo que quizá para muchas no sea en absoluto motivo de llanto: con LOST.
La puesta a prueba de la tanta humanidad me ha conmovido. Ya terminé la segunda temporada y estoy listo para un nuevo vendaval de emociones, el cual espero me reafirme que hay agüïta detrás de mi ojos esperando por salir. Porque el que no vea en LOST una fuente de genuina emoción, de inspiración y de conocimiento peca de arrogante, de miope o de gil. Pero eso es tema para otro post.

