2.600.000.000
Agobiado por la cruel rutina semanal, me he pasado capeando las horas a punta de fantasías con el premio del Loto. Me veo comprando juguetes, dejando de trabajar, premiando los años de arduo trabajo de mi padre con una millonaria mesada, paseando del brazo de mi madre por infinitos paisajes europeos, recibiendo el exquisito viento primaveral junto a mi señora, por qué no, arriba de una motocicleta de gran fuerza y belleza sin más destino que el capricho. También me veo como un respetable filántropo, colaborando con una que otra obra benéfica; me veo aliviado por el hecho de no tener nunca más un jefe y de no tener que ocuparme más por los asuntos del dinero. Y al despertar, siento el urgente deseo (o necesidad) de dar con una respetable combinación de números, algo que nunca había hecho, pues ¡qué benditos números pueden tener suerte! Y los encuentro. Y los juego. Una y otra vez, sin embargo “ella” no quiere sorprender a nadie. El premio es generoso, $2.600 millones. Me pregunto cuántos no estaremos aceitando la misma máquina fantasiosa, todos juntos en perfecta sincronía. Me pregunto, también, a quién va a sorprender, si es que decide dejarse caer sobre alguien. Y al mismo tiempo aparece la otra pregunta: ¿por qué yo y no otro? O ¿por qué otro y no yo?
Tengo la impresión de que ella, al parecer, no busca al que más la necesita. Y si alguien creyó que un golpe de suerte es gratis, se equivoca. La suerte no regala nada, todo lo presta. Eso es sabido; ella busca la sorpresa, y si ha de elegir a sus objetivos, se debe preguntar algo así: Quién se sorprendería más con mi llegada. Por eso el que se gana un premio considerable nunca es el más esperado u obvio, sino todo lo contrario. Aún cuando tenga ya un pasar acaudalado, su figura de repentino afortunado no dejará de sorprendernos. Ganarse un premio siempre será algo cinematográfico, un caso más que el otro. ¿Recuerdan a María Grasso? Esta nana trabajaba en Boston, para una familia de ricos. Creo que el dueño de casa era algo así como asesor financiero y se ofreció para ayudarla con el dinero. En ese momento ganó 70 millones de dólares, lo que es más de lo que hoy ostenta la impresionante Britney Spears. La mujer, humilde y aterrizada, apenas dio la cara y casi no pronunció palabra a los medios. ¿En qué estará esa señora? ¿Seguirá igual de millonaria? ¿Será feliz?
Ahora en Chile, hace poco, a un joven obrero del norte la suerte lo pilló desprevenido y lo abofeteó sin piedad con 470 millones de pesos. Los noticieros gozaron retratándolo con sus nuevos autos, los que había adquirido el mismo día y que sumaban entre los cinco o seis que compró más de $70 millones. El hombre rebosaba felicidad: el sueño del pibe se había hecho realidad. Y el de sus vecinos y parientes también. ¿Cuánto le quedará de esos 470?
Cabe preguntarse, en todo caso, si la suerte que tendrías al ganártelo te acompañará en el proceso de vivir con él. La historia nos dice que mientras más dinero, más problemas. Un caso emblemático sobre la suerte y la no suerte es el del carabinero salvado de una bala directa al corazón por su inseparable bolígrafo, pero que tiempo después esa misma suerte que tuvo con su bolígrafo, le hizo la desconocida cuando un día de vientos y lluvia un árbol se desplomó sobre su auto…con él a bordo.
Al parecer ella no es tan huraña como la creemos. Basta con que algo negativo lo visualicemos peor de lo que es y ya está: la suerte en su apariencia más mezquina, o, si decidimos ver el vaso medio lleno, la suerte en su expresión más noble y aleccionadora.
Al terminar la semana, y angustiado por la falta de presupuesto para darme un gustillo musical, voy a la casa de mis padres y, al sentarme en el computador, veo una carpeta llamada “música”. Hago doble clic y me encuentro con subcarpetas de discos completos bajados de la generosa y también infinita red. Había de todo. Para cuando terminé de copiarlos, el Loto ya lo habrán anunciado. Si no gano. Me consolaré pensando en que me ahorré mucha plata en discos originales.
Tengo la impresión de que ella, al parecer, no busca al que más la necesita. Y si alguien creyó que un golpe de suerte es gratis, se equivoca. La suerte no regala nada, todo lo presta. Eso es sabido; ella busca la sorpresa, y si ha de elegir a sus objetivos, se debe preguntar algo así: Quién se sorprendería más con mi llegada. Por eso el que se gana un premio considerable nunca es el más esperado u obvio, sino todo lo contrario. Aún cuando tenga ya un pasar acaudalado, su figura de repentino afortunado no dejará de sorprendernos. Ganarse un premio siempre será algo cinematográfico, un caso más que el otro. ¿Recuerdan a María Grasso? Esta nana trabajaba en Boston, para una familia de ricos. Creo que el dueño de casa era algo así como asesor financiero y se ofreció para ayudarla con el dinero. En ese momento ganó 70 millones de dólares, lo que es más de lo que hoy ostenta la impresionante Britney Spears. La mujer, humilde y aterrizada, apenas dio la cara y casi no pronunció palabra a los medios. ¿En qué estará esa señora? ¿Seguirá igual de millonaria? ¿Será feliz?
Ahora en Chile, hace poco, a un joven obrero del norte la suerte lo pilló desprevenido y lo abofeteó sin piedad con 470 millones de pesos. Los noticieros gozaron retratándolo con sus nuevos autos, los que había adquirido el mismo día y que sumaban entre los cinco o seis que compró más de $70 millones. El hombre rebosaba felicidad: el sueño del pibe se había hecho realidad. Y el de sus vecinos y parientes también. ¿Cuánto le quedará de esos 470?
Cabe preguntarse, en todo caso, si la suerte que tendrías al ganártelo te acompañará en el proceso de vivir con él. La historia nos dice que mientras más dinero, más problemas. Un caso emblemático sobre la suerte y la no suerte es el del carabinero salvado de una bala directa al corazón por su inseparable bolígrafo, pero que tiempo después esa misma suerte que tuvo con su bolígrafo, le hizo la desconocida cuando un día de vientos y lluvia un árbol se desplomó sobre su auto…con él a bordo.
Al parecer ella no es tan huraña como la creemos. Basta con que algo negativo lo visualicemos peor de lo que es y ya está: la suerte en su apariencia más mezquina, o, si decidimos ver el vaso medio lleno, la suerte en su expresión más noble y aleccionadora.
Al terminar la semana, y angustiado por la falta de presupuesto para darme un gustillo musical, voy a la casa de mis padres y, al sentarme en el computador, veo una carpeta llamada “música”. Hago doble clic y me encuentro con subcarpetas de discos completos bajados de la generosa y también infinita red. Había de todo. Para cuando terminé de copiarlos, el Loto ya lo habrán anunciado. Si no gano. Me consolaré pensando en que me ahorré mucha plata en discos originales.

2 Comments:
La verdad es que ganar mucha plata es una carga. Primero, ¿sabías que debes pagar el 50% en impuestos sobre tu premio? Luego, se supone que debes ser juicioso en invertirlo. Yo preferiría un premio como de unos 50 millones de pesos. No me arregla la vida para siempre, cumpliría ciertos objetivos básicos, me permitiría un sano despilfarro y lo gozaría como lo que es : un mero regalo.
Bueno, al menos te seguiremos viendo en el blog... y eso es bueno!
Saludos,
Post a Comment
<< Home